Ser SUBVERSIVO
A las 10 de la manana de este viernes, recién iniciando de el TEDx PuraVida dedicado a la educación, recibí, con emoción de estudiante de secundaria, la clase con el ministro del pelo largo, Leo Garnier, sobre métodos de educación subversiva.
Tiene razón nuestro Ministro Twittero al decir que los dilemas morales nos convierten en personas distintas todos los días. Sacan lo mejor y lo peor de las humanas pasiones. Nos hacen pensar en las dudas y dudar de los pensamientos. Y pensar de nuevo. Lo más entretenido del asunto es que los dilemas morales son quienes nos encuentran a nosotros. Están en la calle, están en los medios, están en la academia.
En las aulas que recuerdo (y probablemente en las que no recuerdo también) fui víctima del sistema de educación enlatado tico donde todos aprendemos igual, y donde los lloriqueos nunca eran suficientes para nadie, incluyendo a los estudiantes que nos jactábamos de ser medianamente brillantes.
Aplaudo, entonces, iniciativas que implementa el Ministerio de Educación al caer en cuenta que no es sólo lo que pasa dentro de un aula lo que es educativo.
Algunas como el programa recientemente aprobado de Educación Sexual Afectiva promueve un autodescubrimiento no sólo desde lo sexual, sino desde lo afectivo y desde de uno mismo bajo la consigna de "si me gusto yo, le puedo gustar a cualquiera". ¡Sabe Dios que algunos necesitábamos de algo así desde el cole! y, nuevamente, el aula no es suficiente.
Al promover estas dinámicas el Ministerio apunta a formar jóvenes más concientes y preparados para disfrutar de su sexualidad sin que exista el uso, abuso y ni dominio del otro. Prácticas que abundan en la sociedad del que dice ser el país más feliz del mundo.
Tal vez si nos quisieramos más los unos, los otros y los propios seríamos menos los invisibles regados por la calle.
Otro aplauso por la modificación de las, hasta ahora, arcáicas rúbicas de la nota de conducta. En una conversación con un colega de comunicación y amigo de la vida, Ian Sanchez, community manager, me golpeaba a la cara al evidenciarme lo obvio: el sistema educativo como lo conocemos reprime la creatividad.
Cuando aun somos bebés exploramos el mundo, literalmente, como nos da la gana. Todo nos es permitido. Es a muy temprana edad cuando alcanzamos el punto máximo en la curva de creatividad. Quien haya visto un niño jugando con una caja vacía sabe a lo que me refiero.
No es de extrañar que sea justo en un punto en el cole cuando se toca fondo, y la creatividad abandona nuestras adormecidas y domesticadas neuronas. Afortunadamente, algunos volvemos a incrementarla durante nuestros numerosos años en la Universidad.
¿Por qué no promover métodos educativos atevidos, novedosos, poco ortodoxos, raros, locos? Tal vez (y solo TAL VEZ) sea entonces cuando aprendamos a aprehender lo aprendido.
"Solo sé que no sé nada" decía Sócrates para recordarse a sí mismo que hay que ser humilde y aceptar nuestra propia ignorancia para poder ser capaces de aprender. Al parecer, nos sobran ángulos en el cuadrado esquema de enseñanza. Cuando se trata de definir la constante entre enseñar y aprender puede que la solución sea Ser SUBVERSIVO.
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